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jueves, 8 de diciembre de 2011

La igualdad que no se quiere entender



De las mujeres que se dedican al mundo de la prostitución, se estima que el 80% son víctimas de trata. Habrá algunas que lo hagan por propia voluntad pero son mayoría las que se sienten coaccionadas y obligadas a ejercer ese terrible trabajo. Las mujeres que somos el 50% de la población, no llegamos a cometer ni el 10% de los delitos. Cuando una mujer se ve en graves problemas económicos, ella acude o es conducida a la cárcel de la prostitución.
Las Fulanas, nombre machista donde los haya, con un significado peyorativo en femenino y no en masculino, son mujeres envueltas en las más de las ocasiones en terribles problemas, que se prostituyen porque hay hombres que les pagan. Para ellos son cosas, pasan de sus problemas y sin duda reflejan un mundo no igualitario ¿o es comparable la situación de las y los trabajadores del sexo?
He conocido mujeres traídas a España por mafias, que pasan enfermedades y hasta embarazos y no paran de trabajar en la calle hasta poder pagar lo que les cobraron al traerlas, saben que si no lo hacen, toda su familia está en peligro. Hablo de una que llevaba una señal de un hachazo en su cara, para recordarle su compromiso.
A otra la vendió su novio a un amigo para que la usara en un motel. Otra pasaba las noches de enero en ropa interior en la Casa de Campo de Madrid, bebiendo, y drogándose para no helarse, su chulo era su novio y ella, que no había cumplido los dieciocho, lo quería. Otra vino de América del Sur con cuatro hijos y un marido desaparecido, trabajó en bares hasta que consiguió cuidar a ancianos para tener dinero que mandarles.
Frente a este abuso que se ejerce contra esas mujeres hablar de divisiones de trabajos parece banal, pero quiero recordar las cenas de Navidad donde son los hombre los que hacen las compras infinitas, preparan las vajillas, cristalerías, eligen los manteles, cocinan un sinfín de platos, sirven la mesa, levantándose entre plato y plato y al final friegan a mano o maquina y vuelven a colocar en su lugar todo lo que se ha usado ¿o, no?. La realidad es que duele perder los privilegios. 


http://www.laopiniondezamora.es/secciones/cartaLector.jsp?pNumEjemplar=2009052800&pIdCarta=3394

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HH

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